lunes, 4 de octubre de 2010

TAXI

Ayer casi me atropella un taxi.
Cuando pasan estas cosas te das cuenta que la ciudad tiene un RITMO.
Una pulsacion, un latido.
La ciudad es un ser.
Si uno cae por fuera de ese ritmo, cae por fuera de la ciudad.
La ciudad es un gigante que nos lleva a traves del mundo.
Podemos caer DENTRO de ella tambien.
El ritmo nos puede encerrar en nosotros mismos.
¿Quien no estuvo varado en la calle, intentando llegar a su casa, horas y horas?
Como parte del universo de la musica, el ritmo se reproduce en el tiempo y su resultado es el movimiento.
Uno puede percibir el ritmo dentro o fuera de el.
Viajar en colectivo es una forma poco espectacular pero didactica para entender el ritmo de la ciudad. Es solo en los colectivos que entendemos que su ritmo es irregular. Las personas que se apuran por subir, las personas estaticas (pero en movimiento), la aceleracion, las frenadas, los bocinazos, el embotellamiento. La musica urbana no es una marcha: es una cacofonia total.
Fuera del ritmo, nos encontramos estancados. Es imposible movernos las distancias que la ciudad maneja, que ELLA requiere. Podemos detenernos y ver la ciudad desde afuera dentro de ella. Estar rodeado por la ciudad es la unica manera de admirarla desde afuera. La ciudad es un espejismo que se pierde con la distancia. Fuera de ELLA estamos en un oasis de la urbe, pero siempre esta cerca, como un animal al acecho.

La ciudad es un ser vivo. Se nutre, defeca, evoluciona y muere. Crece mas alla de sus limites. Se expande como un cancer del planeta. Indomable, la ciudad avanza con sus tentaculos de concreto. Llegara el dia en el que muera a los pies del oceano como un leviatan de asfalto, cubriendo toda la faz de la tierra.
La ciudad es analoga al cuerpo humano, las calles son arterias, venas, recto. Tiene su propio sistema inmunologico. Se defiende ciclicamente del arte, con uñas y dientes, porque es lo unico que la humaniza. La ciudad-maquina, la ciudad frankestein. Expulsa a los musicos y a los poetas. La pintura se resquebraja en sus paredes.
Cuando la ciudad acepta el arte, se enciende y vive. Atrae gente de todo el mundo. Invariablemente, los rechaza y subyuga. Ese es su instinto primario, su metodo de supervivencia. El ciclo inevitable, su vomito existencial.

Los taxistas forman parte integral de su sistema inmunologico. Zurcan como pirañas todas sus vias y recovecos posibles. La destruyen y la reintegran. Estan atrapados por sus alquileres, por su ritmo inalcanzable, ilogico, anormal. Es imposible levantar cabeza, pagan con odio y se alimentan de el. Te hablan de chorros, de travestis, de prostitutas. El taxista, como globulo blanco, se adhiere a los que escapan de la ciudad, los destruye o los reinventa. El borracho se sube y cree que solo llega mas rapido a su casa, pero tambien es desintoxicado por la ciudad. Luego abre la puerta y vomita en su cama: la ciudad regurgita perspectivas alteradas, todo lo que este por fuera de ella. Los taxistas como bacterias en simbiosis con la calle, la flora intestinal de la urbe.

Un grito de odio desde un taxi en una esquina. Me habia rozado el muslo. Estaba por fuera de la ciudad y un agente de ELLA se avalanza contra mi para devolverme al ritmo, a la locura.
Un grito mio y uno del taxista.
Mio el grito que no acepta el rechazo urbano.
¿Por que habra gritado el taxista?
Quizas porque no me alcanzo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Execelente texto loco, muy nitido. Me encanta como termina. Sin duda creo que te grito porque no pude atropellarte.
Te digo que mejor un taxi haciendote volver al ritmo de la ciudad que el sarmiento, cuando venis a pleno con la musica volando por algun planeta y esa gran estructura metalica pasa muyy cerca tuyo......te hace reconsiderar un par de cosas jeje......
abrazo grande!

Anónimo dijo...

Muy lindo texto Tom! Felicitaciones! Me gustó mucho, realmente. Me encantó ver a la ciudad desde ese punto de vista y el texto generó muy bien todas esas imágenes. Gracias!