jueves, 2 de diciembre de 2010

Un viaje: Los Alamos

Los Alamos era uno de esos bares de Avenida de Mayo con mostrador de estaño y luces amarillentas, un pasillo largo y mesas comunes, casi siempre vacias, salvo por el vago recurrente que dormita en una esquina con un vaso de vino enfrente. Lo atienden un viejo gordo que creo que era ciego de un ojo, nunca lo supe, pero cruzaba su pupila una nube lechosa. Ese ojo te seguia a todos lados y parecia a travesar las paredes, independiente a la facies imperterrita de su dueño, el ojo bizqueaba todos los movimientos y los anotaba en algun lugar escondido en el cerebro. No habia ningun objetivo en este archivo de caras y posiciones, era una actividad maquinal de un ojo, un tic, una mania, una constante. Al poco tiempo, lograbas ignorarlo, pero las primeras veces que fuimos a ese bar tenia que hacer un esfuerzo y sentarme de espaldas al mostrador, sintiendo la nube en mi espalda, calandome los hombros, midiendo el ancho de mi espalda como un sepulturero. Al dueño lo secundaba un pibe bajito, morocho y con un aro en el labio, que tenia un arito en el labio. Tenia una motito Gilera bastante vieja, que tosia humo negro mas o menos a las 5 de la mañana para escapar hacia algun lado. Hablamos un par de veces, cada tanto lo invitabamos a tomarse un trago, a dar una vuelta. Pero no recuerdo mucho. Creo que vivia lejos, en Moron, o algo asi.
En aquel momento estaba laburando en una libreria de Corrientes, de esas que no cierran nunca. No dure mucho porque solia llegar tarde, me quedaba horas despues, a la noche, intentando compensar mi tardanza, pero la verdad que lo que mas hacia era leer y buscar entre los libros. Mi jefe me tenia cierto aprecio, y supongo que por eso dure, mas o menos, medio año. Pero la verdad que lo que mas me gustaba del trabajo era entrar tarde y salir tarde los viernes, para poder ir a dar una vuelta por el centro antes de ir a Los Alamos.
Casi siempre antes que yo llegaban Marquitos y Tragedia, siempre que nos encontrabamos ahi, a eso de la medianoche, todos los fines de semana seguro, y tambien habia epocas que en la semana tambien. Yo en general no, porque todavia en ese momento estaba en la facultad y a veces la jugaba de responsable, pero Tragedia y Marcos parecian vivir ahi. Marcos se que si, Tragedia a veces era como un espectro, un vaga presencia, y uno tenia dificultades para recordar si habia estado en algun lugar. Siempre iba vestido de traje, de ahi su apodo, normalmente uno muy fino, algo gastado, negro con tiras blancas muy finitas, que relampagueaban bajo la luz de algun boliche de los cuales en realidad no era muy amigo. A veces llevaba el pelo engominado, pegado al craneo, pero como muchas veces pasaba dias o semanas sin volver a su casa, normalmente lo tenia sucio y grasiento, largo y despeinado por toda la cabeza, con un mechon grueso, como de piedra, cayendole por un costado de la cara. Tragedia manejaba una Vespa que pocas veces sacaba a la calle, la mitad de las veces estaba en el taller por uno u otra cosa. En realidad me parece que era muy fiaca para manejar. Tragedia parecia sacado de una pelicula de tangueros, tenia ese aire malevo, ese andar parsimonioso y esa mirada inquientante, sin sonrisa, nunca una sonrisa, que parecia capaz de ponerte una piña o clavarte un navajazo con la misma tranquilidad que se sacaba el saco cuando tenia calor. No era un tipo particularmente peligroso, y sus arranques de violencia excesiva eran pocos, el avisaba tranquilamente siempre que algo le molestaba, podia ser que alguien en el bar se riera de su traje. Eso paso exactamente dos veces. Las dos terminaron mal, desde entonces siempre que un grupo de borrachos empieza con el chiste, el dueño se les acerca pacientemente con su ojo y les cuenta como termino antes esa historia. En la punta de una de las mesas falta un pedazo grande y se nota que se partio a la fuerza.
Pero en realidad la anecdota mas divertida de Tragedia me la conto Marquitos. Resulta que estaba andando por la calle con la Vespa, cuando un colectivo, no me acuerdo cual, creo que esto fue por plaza italia, pero fue hace tanto tiempo que... bueno, resulta que lo encierra y lo rosa. Tragedia, mas alla de sus locuras, siempre andaba con un casco blanco y manejaba con cuidado, de hecho, con lentitud, como todas las cosas que hacia. Siempre parecia moverse en camara lenta. Marcos y yo siempre caminabamos adelante. Tragedia atras. Habia noches que simplemente desaparecia. Ni chau ni nada. Asi era el, y asi lo queriamos. Nunca supe si el realmente nos quiso, era una persona asi, si tenia que saltar por vos por alguna razon, lo hacia, pero con una pesadez, como si fuese un deber, nunca le di las gracias ni nunca me las pidio.
Pero en fin, el colectivo lo encierra y tragedia se saca el caso y le empieza pegar cascotazos al bondi, en las ventanas, en todas partes. El colectivero para, creo que iba por una Avenida, pero no me acuerdo cual... y para ahi, en la mitad de todo, el colectivo casi lleno, y se baja re caliente. Un colectivero gordo, gigante, con la panza esferica y la camisa desabotonada, se baja y lo ve a Tragedia, con su melena desbaratada, su traje negro y su chaleco color vino, unos zapatos de charol de su abuelo que usaba en una epoca pero que se los robaron, mas bien bajito, palido, nunca se quemaba, aunque estuviese diez horas al sol, con la cara tranquila. Si solo le hubiese visto los ojos, creo que el chofer ni se le acercaba. Sus ojos hablaban mucho mas que el. Era impresionante todas las cosas que podia decirte con solo mirarte, y era una habilidad que todos le conocian y festejaban. Un hombre de pocas palabras, hombre mas alla de su juventud, malevo mas alla de la epoca, un tipo perdido en el tiempo en el que todo el mundo habla un idioma que no entiende, pero que se hace entender, tranquilo, con paciencia.
Se le acerca el chofer, y Tragedia le propina un buen cascotazo en el medio de la jeta, sin que el chofer llegue a decir ni pio, se desploma contra el bondi y se hace bosta la cabeza, y el arranca rapidamente y se toma el buque. Marquitos me contaba la historia muy divertido, mientras Tragedia miraba la mesa, sonriendo despacito, como quien se acuerda de un chiste en el subte o en la fila del banco.

(continua...)

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